Uristium V: Chatarra de estación

Uristium es el nombre del negocio de mi padre. Lo sacó de la técnica que desarrolló para usar la energía libre que hay dentro de las moléculas, cuando trabajaba en una estación espacial, a la que yo odiaba ir.

Era la primera estación espacial que Uristium tenía en órbita y, cuando estabas allí, no había manera de mantenerme con un peinado medio decente. Los cabellos flotaban, junto con las burbujas de líquidos que pululaban por todos lados, perfectas y libres.

Para moverme tenía que impulsarme, flotar hasta la siguiente recámara y eludir sin éxito esas esferas que me perseguían por el camino. Luego, mientras me aseaba, deseaba que solo fuera agua, pero una revisión mental rápida a la calidad intelectual de los neandertales que trabajaban en los laboratorios me hacía dudarlo. Era una cacharra de estación ¡en todo sentido!

Pero era allí donde se mantenía abierta la cápsula de excitación plásmica; la que nos permitía cargar la materia necesaria para poder activar la inteligencia artificial de nuestros robots. El mecanismo sigue siendo muy sencillo: la energía no proviene de las moléculas, materialmente hablando, sino de sus núcleos de materia negra.

Mi padre siempre insistía: son las partículas las que sirven de conectores con lo físico. Son ellas las que conducen el excedente de energía lograda por stium, desde la fase del Tiempo hacia esta fase, la espacial.

Para mí, el truco estaba en que desarrolló un campo orbital molecular activo que protegía la estructura, absorbía ese exceso de energía proveniente de la excitación de la fase temporal y la cedía luego al medio, como si fuera una pila. Y logró todo ello sin que petaran los ordenadores de abordo, que supervisaba un ruso que ni siquiera hablaba su idioma.

Luego nosotros, en los laboratorios de Ursula, inyectábamos esa energía en nuestros robots, en sus sistemas, a través de su célula de conciencia.

Habíamos descubierto, años antes, que la conciencia aparece cuando un sistema es capaz de absorber una cantidad ingente de energía proveniente de la fase temporal sin perder su forma, una capacidad que desarrolló el homo sapiens debido a su habilidad para crear relaciones y atar cabos.

Como decía mi madre, es la curiosidad lo que nos ha hecho saltar a la dimensión Tiempo y aprender, sin saberlo, a sacar de allí la energía que necesitamos para evolucionar.

Yo simplemente no podía entender cómo es que tanto avance, tanta evolución y tanta tecnología podía funcionar dentro de esas cuatro latas cochambrosas orbitando sobre la Tierra.


Uristium V: Chatarra de estación

David Flores



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