Entre dos…

…ciclos.

No pudo empezar más complicado este año. Hemos dedicado varios artículos a este tema, este blog, en los últimos meses. Deberíamos poder decir que no puede habernos tomado por sorpresa este cambio, pero la verdad es que nos sorprende; quizás porque una cosa es leer algo y otra cosa es sentir y caer en la cuenta de que lo vivido estaba escrito.

Hoy estamos en medio de dos ciclos que comienzan, más claro el agua:

  • El Saturno y Plutón
  • El de Forma

Uno, el primero, nos marca un cambio en el comportamiento colectivo, vamos hacia una mayor transparencia y liquidez de las fronteras de relaciones; la vida nos impone la necesidad de dar más independencia a las personas para poder impulsar las economías, generando trabajos colectivos que promuevan, normalicen y regulen unas relaciones más sanas.

El segundo, más corto, es el ciclo que llamamos de Forma. Nos marca dos tendencias muy claras: una que nos obliga a formalizar todo, a fijar cosas, seguida de otra en la que todo cambia, todo se desorganiza, se desmonta, y cambia. Es sencillo, se forman cosas primero y se cambian seguido. Y vuelta a empezar: se forman, se cambian.

Empieza la tendencia al cambio; cinco añitos –junto con la de Saturno-Plutón– en que veremos como se reorganizará y mezclará. Confusión, quejas, reproches y acusaciones. No te preocupes, todo pasará; hasta que llegue el otro cambio en 2030.

Ahora saca cuenta de porque no nos adaptamos:

  • Nuestras formas no son del todo transparentes, es lo que hay.
  • El cambio se nos da fatal, para qué mentir.

Y lo peor no es eso. Cuando la vida nos obliga a entrar por ese aro, tendemos a ponernos malos, malísimos. Reaccionamos de forma tan radical que el cuerpo se debilita y la mente empieza a divagar buscando fantasmas que no existen.

¿Y podemos adaptarnos mejor? ¡claro, seguro que si!

Hay muchas cosas; una que yo hago es un ejercicio en dos partes, muy sencillas. Esta es la primera parte:

Me siento tranquilamente en un lugar calmo, no importa la hora. Cierro los ojos e imagino un paisaje lleno de lagos. Es un paisaje invernal, pero busco un lago, debe estar líquido. Camino hasta que lo encuentro, entre la nieve, montañas blancas y otros lagos.

Este lago –no está congelado– es un poco peculiar: es de oro líquido. Está calentito, pero como es invierno, lo encuentro placentero.

Entro sin ropa, hace frío, así que no tardo. Me siento y dejo la cabeza fuera, aunque mojo mi cabello.

Como el oro está caliente, emana vapor. Inspiro y dejo que este vapor de oro actualice mi cuerpo. Tardo el tiempo que puedo permitirme y repito tantas veces como puedo.

Cuando abro los ojos, me estiro un poco y bailo. No se me ocurriría dejar de hacerlo, porque se que tengo que “desperezar” mi cuerpo, así lo incluyo.


Entre dos ciclos.

David Flores


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