Amir 4

 

El día señalado Amira y sus padres estaban frente al gigantesco edificio en forma de pirámide truncada sede del Templo para los Ritos de Paso.  Era el momento de convertirse en adulta.

Dentro, un hombre alto y huesudo les recibió con una amplia sonrisa y un montón de papeles. Hubo las presentaciones necesarias y luego todo se centró en ella:

–Amira, hija de Juan Bakema y de Lidia Allezeit, ¿aceptas tu nueva vida y reconoces que estás informada de ello?, preguntó él.

–Acepto.

–Adelante, tu retiro te espera. Tus padres estarán contigo cada tarde y durante todo el tiempo que necesites pasar aquí.

–De acuerdo –dijo ella. Echó una rápida mirada a sus padres, se colgó su bolso en el hombro dejando arrugada la blusa que llevaba puesta y se agarró fuerte a su maleta. El guía y ella se alejaron por los pasillos del edificio, hacia su primera cita: la Comisaria en persona le esperaba.

Amira no le conocía pero sabía que no era normal que la máxima encargada de los viajes en el tiempo en esta zona del universo apareciera tomando el relevo de sus agentes en un caso:

–¡Hola comandante Ukiuk!, exclamó Amira al verla.

–Hola Amira. Llámame Carmen; ¿estás nerviosa?

–Un poco sí.

–Estoy aquí porque a principios del siglo veinte mi maestro te encontró y luego me encomendó prepararte. Estás siendo asistida para que intervengas en el pasado, en varias vidas que tenemos planeadas y en las que serás la encargada de sembrar ideas importantes. Mantendrás, en todas ellas, tu conexión con este momento.

Amira no se sorprendió y aunque las palabras de Carmen eran nuevas su cuerpo se relajó y su espalada se puso derecha después de un suspiro.

Carmen farfulló algo ininteligible y, en la tempo-estación, Oksana la especialista modificó los controles y Amira entró en un estado alterado de conciencia; apareció en una habitación hecha de arcilla y piedras que olía a aceite quemado; sintió calor y cayó en cuenta que era pequeñita y estaba en los brazos de una mujer extraña que chillaba:

–¡Es una niña, es una niña!

Se trataba de una de las sacerdotisas de Dione, que había hecho de matrona. Del otro lado Oksana manipuló los controles de conciencia de la mujer:

–Puedo ver que es una niña muy especial, dijo enseguida la sacerdotisa dirigiéndose al padre. Será fuerte y dará a luz a un gran hombre –completó.

–La llamaremos Olimpia, dijo Neoptólemo I de Épiro, el padre.

Era el año 375 antes de nuestra era.


Amira y su futuro

David Flores

 

 

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