Identidad fluida

Internet es solo una red de cables, pero ¡la información que se mueve por ella no!

Movernos por entre esa información digital nos obliga a recrear nuestra identidad de tal forma que, aun no siendo física, debe ser reconocible por nuestros amigos, debe contener nuestro ADN y hasta nuestras señas más personales.

En esta red fluida lo que hacemos con la información es nuestra identidad fluida, es decir, lo que somos, pero sin cuerpo. Eso quiere decir que esa red, como creación nuestra, aporta un sistema de trabajo que actualiza algunos de los principios más viejos de crecimiento y desarrollo personal que ha aprendido la humanidad.

Me explico:

Facebook, Google o Instagram –por ejemplo– no son empresas al uso. Son “entidades” que existen dentro de Internet: máquinas matemáticas, algoritmos que tienen su propio espacio, sus características propias y sus principios de acción reconocibles y, a pesar de que a primera vista parece que no ofrecen nada, son “sujetos robóticos” que viven y se expresan a través de ordenadores enlazados que se comunican entre ellos en un lenguaje especial con el que intercambian todo tipo de información entre ellos, y con nosotros a través de nuestra “persona virtual”, una identidad que fluye como datos dentro de ellos.

Lo interesante de esto está en que ese fluir nuestro dentro de esos algoritmos se desarrolla en tres fases y cada una de ellas implica la solución de un dilema personal muy claro.

Primera Fase
En la primera fase de nuestra relación consciente con Internet nuestra identidad fluida se formula como una necesidad emocional que poco tiene que ver con nuestro dinero, con nuestras creencias o el lugar en el que vivimos. Es una etapa en la que accionamos por convulsión, somos reactivos, propagandísticos y hasta reivindicativos en algunos casos.

Segunda Fase
La segunda fase está marcada por algo muy parecido a participar en un mercadillo en el que la nuestra oferta de información excede a la demanda, lo que solo puede enfrentado especializándonos en algún tipo de información que conforme nuestra identidad y que sea capaz de apoyar los “flujos de información de consumo” en la que empezamos a movernos.

Tercera Fase
Con el tiempo el choque entre nuestra identidad fluida y el consumo social y participativo de información crece, y pasa a expresarse como una la lucha entre el individuo y el colectivo, lo que nos lleva al siguiente nivel: ese es el momento de hacer trascender nuestra identidad, creando un espacio propio.

Ser consciente de la red fluida implica desarrollar la capacidad de generar un conocimiento mental, espontáneo, claro y reflexivo que nos dé la posibilidad de reconocer los pros y contras que nos permitan tomar decisiones que afectarán a nuestras identidades fluidas y que les permitan moverse por esa red de ordenadores como sujetos independientes, definidos y claros.

Movernos por Internet, conscientemente, no es diferente de imaginarnos flotando sobre nuestro cuerpo mientras dormimos y deberemos crear nuestra identidad fluida haciéndonos preguntas que no son diferentes a las que nos hacemos desde hace siglos: ¿quiénes somos? ¿qué queremos? ¿por qué quiero desarrollar una identidad fluida en ese otro mundo aéreo y etérico, en esa red fluida de información llamada Internet?


Identidad fluida

David Flores


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